Fábulas

Dar expresividad a la lectura si la convertimos en una tarea escolar. Si leemos en voz alta, leemos por y para algo: para expresarnos, para comunicar lo que siente un personaje, para hacerlo creíble…

Podemos disfrazarnos físicamente, pero también podemos disfrazar nuestra voz, prestársela a los personajes de un diálogo. En este caso, proponemos leer en voz alta algunas fábulas en las que intervienen animales, que siempre gustan a los niños.

Presentaremos cada una de las fábulas, leeremos algo acerca de su autor y hablaremos de los personajes; para ambientarnos, podemos utilizar internet para buscar información del león, la zorra… Así, para leer una vez, leemos muchas veces. Antes de repartir los papeles podemos hacer sugerencias: ¿cómo hablaría el ratón?

Preparamos el reparto, en función de los personajes que tenga la fábula y sin olvidar al narrador, que puede ser el animador o uno o varios alumnos, en función de la extensión del texto. Tendremos que dejarles un ratito para que se organicen y hagan propuestas alternativas al texto: cuando acabe esta frase, yo ladraré

Ahora ya podemos leer alguna de estas fábulas u otras muchas (no es necesario imprimirlas, pueden leerse directamente de la web):

  • Una de Iriarte: los dos conejos, que aporta la dificultad añadida, una vez decidido cómo hablan los conejos, de diferenciar uno del otro.
  • Dos de La Fontaine: la archiconocida de la cigarra y la hormiga y la mochila, que tiene la ventaja de incorporar más personajes: la mona, el oso, el elefante, el avestruz, la jirafa, la tortuga, la víbora, el topo y un personaje humano que ha de tener también una voz característica: Júpiter. Esta última fábula se presta también a una puesta en escena sencilla y a una investigación sobre Júpiter.
Jean de La Fontaine. Dominio público
Jean de La Fontaine. Dominio público