Monografías

8 de marzo

El 8 de Marzo de 1908, trabajadoras del sector textil de la fábrica Cotton de Nueva York, se declaran en huelga para reivindicar mejoras en sus condiciones laborales. Ante la negativa del patrón a atender sus reivindicaciones, se encierran en la fábrica, durante este encierro se declara un incendio y mueren todas las trabajadoras.

Durante la II conferencia de mujeres socialistas, se decide proponer el 8 de marzo como fecha histórica para reivindicar los derechos de las mujeres.

El color malva, como símbolo de la lucha feminista se debe a que ese era el color de tejido con el que esas mujeres trabajaban en aquel momento.

México, DF, febrero de 1999 (Sara Lovera/CIMAC).- En los últimos años, desde que en Alemania o Chicago se llamó a las obreras socialistas a luchar por sus derechos y a celebrar mundialmente, cada año una jornada reivindicativa, el 8 de Marzo se constituyó como la fecha emblemática que reúne la vieja lucha igualitaria por los derechos políticos y sociales de las mujeres y el reconocimiento de esos derechos, subliminales, privados, de la vida cotidiana que han dado en llamarse simbólicos y culturales. Los derechos de la diferencia.

Del origen de la celebración, hay una discusión histórica, intrascendente si revisamos cómo el siglo XX en que han operado grandes cambios en la visión de vida de hombres y mujeres, hay una rica historia de la lucha de las mujeres que imprimió otro tinte, otra faena, otra forma de crear humanidad y que estuvo involucrada en las grandes transformaciones sociales, de las revoluciones de Rusia y México, a la lucha por la paz y el antimilitarismo todavía vigentes.

En estas más de nueve décadas en que ha transcurrido el siglo, además, las mujeres de todo el mundo hemos conseguido a fuerza de tesón, organización, conocimiento y decisión tres cosas fundamentales:

El reconocimiento de nuestros los derechos políticos, aunque en México apenas conseguimos el 17 por ciento de las curules del Congreso.
El reconocimiento mundial a nuestros derechos humanos, que incluyen una nueva visión de la violencia privada y pública contra las mujeres y ha dado lugar a leyes y programas contra la violencia.
Finalmente se ha logrado el posicionamiento de los derechos sexuales y reproductivos o sea la libertad del cuerpo, al menos teóricamente.
Este reconocimiento fue ratificado por 184 gobiernos en el seno de la Organización de las Naciones Unidas(ONU). En muchos países es legal el aborto, en otros está parcialmente despenalizado. Además, por esta fuerza se han impuesto las políticas públicas de género.

En pleno fin de siglo, las mujeres estamos dispuestas a consolidar nuestra ciudadanía plena, es decir a reivindicar nuestro derecho indiscutible a intervenir, con todas las garantías, en el ámbito público, en el gobierno y en la sociedad.

No obstante, es necesario reconocer que todavía, las mujeres somos las más pobres entre los pobres. Cerca de mil millones de mujeres en el mundo vivimos bajo la línea de la pobreza extrema; aún no es paritaria la educación inicial y profesional entre hombres y mujeres y nuestros cuerpos todavía son botín de guerra. Los ultrajes reales y simbólicos a nuestra integridad humana son cosa de todos los días.

Por ello, y a pesar de que existen posturas, entre hombres y mujeres, conocidas como de la postmodernidad que proponen que dejemos de luchar por nuestros derechos específicos -porque la ley reconoce a la igualdad-, es necesario abordar el 8 de marzo a través de una jornada mundial de reflexión, de lucha y demanda. Y ello habrá que hacerlo en todas partes, a través de todos los símbolos y acciones necesarios. No hemos terminado.

Pero, ¿de dónde vino la celebración? En la mitad del siglo XIX operaron dos fenómenos trascendentales que habrían de dar a las mujeres una agenda de lucha. La Revolución de 1848 en Alemania, con reflejo en Austria, Polonia y aún, en Rusia y la Convención por los Derechos Civiles (1857) en Estados Unidos, en que las mujeres, definitivamente solicitaron su acceso a la ciudadanía.

Lo que sucedía en Europa, revolucionaría al mundo. Los utopistas se habían convertido en materialistas. Karl Marx y Federico Engels habían lanzado el Manifiesto Comunista y se experimentó una otra sociedad posible en la Comuna de París. Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo organizaban a las obreras alemanas en reuniones y convenciones desde finales de 1880 y en 1910 llamaron a la construcción de una organización internacional. En esa época se crearon círculos de reflexión donde se hablaba de las desgracias del matrimonio, de los derechos sexuales y de la organización de las prostitutas.

En Estados Unidos y también en Gran Bretaña había surgido el orgullo femenino de participar en el ámbito público, a través del voto ciudadano; las mujeres reclamaron sus derechos sociales, su derecho a la tierra y, también, su libre albedrío como ciudadanas en materia administrativa, económica y educativa. Se sabe que en la industrializada Chicago, entre obreras socialistas se propuso en 1908 una celebración internacional.

El ambiente de cambio, las nuevas ideologías, tecnologías y sistemas de producción, así como una nueva fase de lucha por la dignidad humana, serían el contexto revolucionario que haría florecer, a principios del nuevo siglo, la organización de las mujeres. El internacionalismo, como divisa obrera, así como las primeras formas de solidaridad, aún entre proyectos diferentes: uno socialista y otro a través de la democracia representativa, daría como fruto la organización internacional de mujeres. La única organización viviente al final del siglo.

Por encima de estas diferencias, inaceptables para los líderes masculinos, la alemana Clara Zetkin y la norteamericana Gertrude Breslau Hunt, establecieron contacto. En la Internacional de Trabajadoras de 1910, fecha en la que se propuso la celebración de un día de lucha internacional de las mujeres, Clara habría propuesto a las obreras sumarse a la lucha por el voto y los derechos civiles, en solidaridad con sus hermanas norteamericanas. En 1911 en toda Alemania hubo una campaña por el voto, se repartieron 2 millones y medio de volantes y Rosa Luxemburgo escribió una proclama.

En Chicago, la obreras socialistas propondrían la creación de lazos internacionales que discutieron dentro de sus jornadas de lucha. Así fue como apareció el 8 de marzo. Las mujeres de todo el mundo iniciaron la larga marcha hacia su constitución como seres humanas.

El 8 de marzo es la fecha emblemática para las mujeres. De su origen y desarrollo hoy existe una gran polémica entre historiadoras. Durante muchas décadas se pensó que el día había sido elegido por Clara Zetkin, una alemana comunista y socialdemócrata cuya misión fue crear una Internacional de Mujeres y habría sido concebido en homenaje a un grupo de trabajadoras de la costura muertas en el interior de su fábrica en Nueva York, tras un incendio provocado por el patrón.

En 1984, la historiadora Reníe Cote mostró que no existía ningún antecedente de este hecho. Su investigación ponía en duda todo: Clara Zetkin propuso el día, decía, pero sin fecha; no existen antecedentes del famoso incendio en una fábrica de costura en Nueva York, y, señala que realmente lo que sucedió un 8 de marzo de 1913, fue una gran manifestación de mujeres bolcheviques al zar de Rusia. Es decir la celebración no implicaba un ejercicio, como el del Primero de Mayo, en homenaje a las caídas, sino el reconocimiento de que la lucha femenina y la victoria están unidas, estos debieran ser el eje de la celebración, propone.

Hoy existe la convicción, según rescata Raya Dunayvskaya, de que antes del triunfo de la Revolución de 1917 en Rusia, las trabajadoras realizaron una huelga inmensa, que generó una gran conflagració, a la que se unieron miles y miles de mujeres, esto sucedió en marzo, lo que vendría a ser el antecedente definitivo que puso la fecha para la lucha de las mujeres.

Pero a ello se agrega lo que dice Rene Cota. En realidad las feministas socialistas de Chicago organizaban actos en el Teatro Garrick, en 1908, en mayo, se realizó un acto denominado Día de la Mujer, presidido por Corinne Brown y Gertrude Breslau Hunt, en una jornada dedicada a la causa de las obreras y a denunciar su opresión como mujeres. Este elemento implicaría que la propuesta habría sido hecha dos años antes que la de Clara.

Independientemente de cuál haya sido el origen preciso de la celebración, es evidente que fueron las socialistas, norteamericanas o alemanas, las que propiciaron la celebración, sin imaginar cómo se desencadenaría la lucha por los derechos femeninos, ni vislumbraron la fuerza que cobraría este día, como uno internacional. La propuesta, hay pruebas, correría hacia todas partes, muy rápidamente. De Nueva York a Petrogado, pasando por Copenhague.

La organización y el establecimiento de las demandas femeninas de principios de siglo tuvo como telón de fondo la internacionalización del socialismo, que vio a la Rusia zarista volverse soviética, el estallido de dos guerras mundiales, el desarrollo un movimiento obrero combativo y mujeres defendiendo sus derechos específicos y peleando por la paz.

En las jornadas de la Revolución Mexicana de 1910, se celebró en México un primer Congreso Feminista (1916); se consolidaron muy diversas organizaciones de mujeres en toda la América Latina y en 1934 se realizó el Primer Congreso Panamericano de Mujeres en la ciudad de México. La agenda que se haía conformado, era una agenda por los derechos sociales y civiles. Hay indicios de que en 1913, durante la primera huelga general en México, también las obreras encabezaron una primera celebración el 8 de Marzo.

Lo cierto es que es difícil determinar un sólo y único origen del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Pero lo que es indiscutible es que a lo largo de este siglo a cada tramo de la historia universal, nos topamos con una enorme riqueza de propuestas femeninas, de agendas reivindicativas, de acciones y transformaciones filosóficas y políticas, donde las mujeres estuvieron. Hoy ya nadie discute si estos derechos específicos para las mujeres son justos o no. Por eso algunos intelectuales están hablando de que el XXI será el siglo de las mujeres.

Habría que agregar que la celebración combativa, fue mucho tiempo exclusiva de las obreras y de las mujeres de izquierda. Hacia los años 70, en que cobra fuerza el nuevo feminismo, el 8 de Marzo es adoptado por las nuevas combatientes, lo que amplió el conocimiento y el motivo de la celebración. Había una nueva agenda de reivindicaciones.

El 8 de Marzo también se hizo institucional. Ha sido adoptado por los Estados que forman parte de la Asamblea General de Naciones Unidas. Consta en actas que en 1977 según resolución 32/142, se invitó a los gobiernos a que proclamaran, de acuerdo con sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día del año como Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. En la mayoría de los países, ello se celebra el 8 de marzo.

Escrito a medias, hace ya muchos años por Pilar Salaverría y José Ramón Olalla