Reflexiones previas

1. Las imágenes no son, representan.

A veces identificamos muy alegremente el mundo real con las imágenes que lo representan. Es fácil decir es un caballo, pero ¿a qué nos referimos? Es realmente un caballo o la fotografía en color de un caballo, o el dibujo a plumilla de un caballo de carreras, la fotografía en blanco y negro de un caballito de tiovivo o la fotografía de una pintura rupestre que representa la cabeza de un caballo. ¿Es lo mismo?

caballo

En ocasiones nuestros alumnos tienen delante una ficha en la que se les pide que, entre muchas otras imágenes, identifiquen a los animales. ¿Qué piensan el niño o la niña que tienen delante el dibujo del ratón Mickey, la foto de un osito de peluche o un fotograma de la lechuza Hedwig en la última película de Harry Potter?

Niños y niñas se devanan los sesos preguntándose cuál es la respuesta que les pedimos. Porque la pregunta no está clara.

2. Las bibliotecas de imágenes son un instrumento eficaz para representar distintas realidades en el aula.

Fernando Hernández considera que los actos escolares: leer y escribir, por ejemplo, son una buena manera de comenzar a presentar a nuestros alumnos colecciones de imágenes complejas. A partir de ellas podemos reflexionar… ¿Quién lee? ¿Qué lee? ¿Cómo y dónde lee?, comparar, investigar ¿por qué en las representaciones más antiguas sólo leen hombres?…
En otras ocasiones una biblioteca de imágenes puede servirnos para trabajar distintos puntos de vista, algo imprescindible en el mundo gobalizado y multicultural. Un excelente ejemplo es la reciente serie (verano 2005) que el dominical de El País ha publicado sobre la alimentación en los cinco continentes, capturando la imagen de muchas y muy distintas familias que aparecían fotografiadas junto a los víveres que consumían en una semana.

lectr

No olvidemos el componente plástico: una galería de imágenes con las obras de Miró puede sernos muy útil como elemento de motivación, otra en la que hemos elegido retratos infantiles de todas las épocas y culturas nos acercará a distintas sensibilidades a la hora de representar la infancia…

3. La imagen no es neutral y para “leerla” hay que contextualizarla.

Válganos el ejemplo del famoso cormorán de la primera guerra del Golfo, ilustró las portadas de los periódicos más influyentes del mundo, abrió todos los noticiarios televisivos… y no fue hasta mucho después cuando nos enteramos de que en el Golfo Pérsico no hay cormoranes y que la fotografía correspondía al vertido de petróleo protagonizado por el Exxon Valdez unos años antes. Sin esa historia previa, ¿quién de nosotros hubiera sospechado de la imagen viéndola ilustrar una noticia sobre el Prestige?

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En una ocasión (antes de la era internet) un alumno de 8º de EGB ilustró un trabajo sobre la guerra de Vietnam con una fotografía de niños negros sacada de una revista de misioneros. La profesora se quedó horrorizada pero el chaval le dijo que no era para tanto: en el texto, al lado de la foto, él hablaba de la nueva generación de traumatizados vietnamitas y los de la imagen eran niños, eran pobres –bien se veía- y seguro que o acababan de salir de una guerra o se preparaban para ella. ¡Total!

Las imágenes tienen dueño (a menudo un artista), se hacen en un lugar, una época, con más o menos medios, con determinados fines… y cuánto más elementos tenemos, cuanto más sabemos, mejor podemos leer esa imagen.

4. ¿Quién decora las paredes de tu aula? ¿El Pato Donald?

¿Es lógico mantener un sistema educativo que cuesta miles de millones, universalizar la enseñanza desde los tres años… para ayudar a una multinacional a vender de todo? ¿Deben ser también las aulas una pantalla permanente, un reclamo publicitario sin fin?

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¿Qué modelo proporcionamos a nuestras alumnas cuando llevamos a clase la Sirenita? Uno muy sencillo: para que una chica sea feliz debe buscar un hombre y eso sólo se consigue con un par de piernas, eso sí, puede prescindir de su voz. Estupendo. Puede parecer radical, pero es realista, un mensaje simple y directo.
Las paredes de nuestra escuela no son neutrales, debemos reflexionar sobre ello y proponer otros modelos, otras maneras, otras formas de ver la vida y de interpelar al mundo.

5. Una imagen vale más que mil palabras… ¿Una imagen vale más que mil palabras? ¿Que qué mil palabras? La segunda parte de nuestra afirmación es más realista: O menos que ninguna.

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El poder de la imagen es el de la publicidad, lo que sugiere, lo que provoca. Buscar imágenes, contemplarlas lejos de una filosofía consumista, poder explicarlas, saber manipularlas, hacerlas trabajar para nosotros nos hace estar al mando de la situación. Por eso creemos que la presencia ante una pantalla activa –la del ordenador- en el área de plástica permite a los alumnos la creación de sus propias claves estéticas y cierta independencia de criterio a la hora de enfrentarse a las otras imágenes, a las que les proporcionan –sin parar- los mass media.

 

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