Recitados

Los docentes de mi generación recordarán, como yo, con una mezcla de nostalgia por el tiempo pasado y ansiedad por los malos ratos que nos hicieron pasar, una práctica muy habitual en la escuela franquista: nos hacían memorizar poemas que, posteriormente, recitábamos en clase, ante el regodeo general de los compañeros, sobre todo si nuestra abuela nos había convencido de que hiciéramos algún gesto para acompañar la actuación, que siempre quedaba impostado.

Todavía sería capaz de escribir de carrerilla el romance del reino perdido: “Las huestes de don Rodrigo / desmayaban y huían...” que me tocó recitar ante un inspector de educación mientras apretaba las piernas para no mojar mis pantalones cortos y mis supuestos compañeros hacían muecas para ponérmelo más difícil. Seguramente la canción del pirata, de Espronceda ha sido uno de los poemas más odiados por varias promociones de estudiantes de mi época.

No es plan de aprender poemas para recitarlos como papagayos, pero en estos tiempos, internet pone a nuestra disposición vídeos y grabaciones sonoras donde actores profesionales nos recitan versos con mayor fortuna y puede que, si nos gusta, nos llame la atención para leer el poema. En otras ocasiones son los propios poetas que estudiamos los que ponen la voz a sus propias palabras; impresiona escuchar a José Hierro, Ángel González o Gloria Fuertes recitar pausadamente sus propios versos. A veces, encontramos montajes con imágenes, música y voz que hacen más atractiva la audición, como el duende del sueño que nos mandó nuestra amiga y colaboradora Zandra Montáñez.

Este verano, escuchando la radio (una radio muy distinta a aquella de mi infancia donde los niños y las niñas que querían ser artistas, acudían a programas en directo y con público para recitar versos) me sorprendió escuchar un poema en la voz de Juan Diego Botto y así descubrí a un poeta argentino llamado Oliverio Girondo. El poema (Y de los replanteos o Cansancio, que de las dos formas lo he encontrado titulado) llama la atención aunque no queramos:

Oliverio_girondo

Y de los replanteos…

Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimiento sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y
remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho a lo repoco y
lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes
de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara van en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogo y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos
de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidéfalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo y libido y oficio
recansadísimo
de tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintos perversitos
y de las ideitas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo
o sensitivo tibio
o remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento
al engusanamiento
y al silencio.

Radiado en la SER por Juan Diego Botto sonaba así:

Y recitado por el propio autor, con ese hablar pausado que caracteriza la voz de los poetas sudamericanos, se escucha (y se ve) de esta forma:

Es cierto que sólo es adecuado para nuestros alumnos más mayores, pero quiero ponerlo compo ejemplo de un recitado que llama la atención sólo con escucharlo.

Un tipo peculiar, Oliverio Girondo, que cuenta:

Entre idas y vueltas de Europa -¡he vivido 567 días en el mar!- fundé con mis amigos de «La Púa» un pasquín inédito que se llamó Comedia. Varios artículos publicados en él y otros en Plus Ultra indican que convalecía «de» Barrés. (¡Qué olor a pomo y a gomina!). En un momento de verdadero extravío mental, arriesgué, con la complicidad de René Zapata Quesada, un intento teatral: La Madrastra, melodrama infecto y maeterlinckiano. Después, para redimirme, rompí papel durante varios años. Rompí papel en Edimburgo y en Sevilla, en Brujas y en Dakar, hasta que en 1922 publiqué algunos de los que se salvaron junto con diez hojas de mi «carnet» de croquis bajo el título de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía.

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