Con música

Las canciones son pequeñas historias contadas en tres minutos. Son poemas, a veces malos ripios (los que, en su día o recientemente, oímos a Mecano lo sabemos: Sola en mitad de la pista / reconocí a la Carmela en acción. / -Yo te conozco de vista- / dije acercándome con decisión. / – Ven pacá fisonomista- / y dando un giro con transpiración /me regó por aspersión); mediocres en muchas ocasiones, como la vida casi siempre y, en ocasiones, buenas letras.

Jugamos con la ventaja de que a nuestros alumnos les gustan, y pese a que no comulguen con nuestros gustos siempre, podemos encontrar letras entre las listas de éxitos que se saben de memoria y que no les importará trabajar en clase.

En la planta catorce del pozo minero
de la tarde amarilla tres hombres no volvieron
hay sirenas, lamentos, acopasados ayes
a la boca del pozo.

Dos mujeres de luto anhelando dos cuerpos
y una madre que rumia su agonía en silencio,
es el tercero.

A las diez la luna clara
se refleja en las sortijas del Patrón recién llegado
con sombrero, gravedad y su aburrido gesto.
Él ha sido el primero, vendrán gobernadores,
alcaldes, ingenieros.
Tratarán de calmar
la presentida viuda que se muerde el pañuelo,
no sabrán acercarse a la madre que les mira
con los ojos resecos.

A las doce el patrón mirara su reloj,
los otros ya se fueron,
y en un punto y aparte esbozará un fastidio
mientras piensa ¿pero donde están estos?

Ha llegado otro relevo de bomberos
y la una menos diez era la noche:
el primer muerto.
Sentados en el suelo, los mineros
se hacen cruces y reniegan de Dios,
quién diría les pillara de sorpresa la tragedia repetida.
A veces el más bravo se le queda
mirando fijamente al patrón
con dientes apretados.
Y el patrón con sombrero,
tiene dos policías a su lado no hay cuidado

Tres horas lentas pasan
a la luz de las linternas asustadas,
el cura con los ojos arrasados
al segundo le va uniendo sobre el pecho las manos,
y un chaval de quince años
mientras llora impotente se abraza contra un árbol,
y el chófer del patrón, con su gorra de plato,
se siente desplazado, es un hombre prudente,
bien domado.

El rocío ha calado hasta los huesos cuando sale el tercero,
le recibe con sonrisa gris azul la madrugada,
y con voces los mineros,
mientras se abrazan todos y uno de ellos,
el mas fiero, por no irse al patrón
llora en el suelo.

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