Chistes

LOS CHISTES

Aunque dedicamos un apartado en este portal a un taller de humor que hemos llamado a carcajadas, y si es posible aceptar pulpo como animal de compañía, como decía aquel anuncio, también es aceptable que los chistes tengan su lugar dentro de las lecturas narrativas, pues un chiste no es otra cosa.

Aunque sólo sea por darle un poco de seriedad al asunto (y, de paso convencer a los escépticos defensores de la seriedad del acto académico, podemos teorizar un poco, como escribe Natalia Tapia:

Chiste es una pequeña historia o una serie corta de palabras, hablada o comunicada con la intención de hacer reír al oyente o lector. Normalmente tiene fines humorísticos aunque hay chistes con connotaciones políticas, rivalidades deportivas, etc. Se dice que hay chistes “buenos” y chistes “malos” dependiendo del efecto final causado; muchas veces esto es influenciado directamente por cómo se presenta el chiste, o sea, cómo se cuenta un chiste.

La mayoría de los chistes tiene dos partes: la introducción (por ejemplo, “Un hombre entra a un bar…”) y una gracia, que unida con la introducción provoca una situación graciosa que hace reír a la audiencia.
Una broma o gag difiere del chiste en que el humor no es verbal, sino visual (por ejemplo lanzar una tarta de crema a la cara de alguien).

Para contar chistes hay que tener gracia, para leernos sólo es necesario sentido del humor y un poco de inteligencia porque habrá que pillarlos. Así que el chiste también desarrolla la inteligencia, otro argumento más que habrá que apuntar para convencimiento de los recelosos.

En la red hay numerosas páginas de chistes, pero no todos son recomendables a ciertas edades o circunstancias familiares, religiosas o de otra índole, así que habrá que seleccionar chistes políticamente correctos, moralmente asumibles y malos, sobre todo malos, porque a los chicos les gustan los chistes malos. Tendiendo en cuenta las circunstancias socio-ambientales y sin querer renunciar a la lectura de chistes, podemos hacer una selección en internet y pasarla a nuestros alumnos en un documento.

Yendo más allá, pueden elegir uno, preparárselo y contarlo al resto del aula, con el riesgo de que algún humorista no tenga maldita la gracia.

También podemos pedirles que hagan recopilaciones de chistes, los escriban (bien) e ir intercambiando las colecciones durante el curso.

En el huevo de chocolate podemos encontrar una selección de chistes basados en juegos de palabras para abrir boca, como el que dice: yo antes era muy indeciso, ahora no estoy tan seguro.

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